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La elección entre generadores diésel y redes eléctricas para las plantas de trituración depende de los costos, la infraestructura y la confiabilidad: los primeros son rentables en proyectos remotos a corto plazo, mientras que las segundas son adecuadas para operaciones fijas a largo plazo.
Los generadores diésel y las redes eléctricas llevan mucho tiempo en una lucha incansable por el derecho a ser la fuente principal de energía para las plantas de trituración, y el argumento clave en esta controversia es el costo total del proceso de trituración, el cual depende de una gran cantidad de factores operativos y de infraestructura interrelacionados, lo que impide afirmar de manera inequívoca que una opción sea incondicionalmente más rentable que la otra en todos los escenarios.
En el caso de los generadores diésel, el costo del combustible —que varía según las cotizaciones del mercado y la distancia hasta el lugar de entrega— ya está incluido en el precio, al igual que el mantenimiento técnico periódico, el cambio de filtros y aceite del motor, lo que representa, en promedio, entre el 15 y el 25 por ciento de los gastos totales de energía al año. Las redes eléctricas fijas, por su parte, tienen una tarifa estable por kilovatio-hora, que prácticamente no depende de las dificultades logísticas externas, pero requiere tomar en cuenta las pérdidas que se producen durante la transmisión a largas distancias desde la subestación hasta el punto de instalación del equipo.
Para conectarse a la red eléctrica central, a menudo es necesario construir una línea de transmisión independiente, instalar una subestación transformadora y obtener la autorización de las autoridades reguladoras, lo que puede suponer un costo comparable al de comprar un generador diésel nuevo con una potencia de hasta 500 kW, especialmente si la cantera o el sitio de producción se encuentra en una zona remota y poco desarrollada. El generador diésel, por su parte, no requiere preparación previa de la infraestructura; basta con transportarlo al sitio, conectarlo a la planta trituradora y ponerlo en funcionamiento prácticamente de inmediato después de su entrega.
Las plantas diésel son propensas a sufrir averías más frecuentes debido a la alta carga que soporta el motor durante el funcionamiento continuo, y las paradas por falta de combustible en zonas remotas pueden provocar pérdidas de hasta el 30 por ciento del volumen mensual previsto de trituración. Las redes eléctricas garantizan un suministro estable siempre que no haya fallas graves en las líneas principales, pero los cortes repentinos sin previo aviso pueden dañar los componentes sensibles del equipo de trituración, lo que requerirá gastos adicionales en reparación y restablecimiento del ciclo de producción.
Para proyectos a corto plazo de hasta tres años de duración o trabajos en sitios remotos sin una infraestructura desarrollada, los generadores diésel resultan ser la opción más rentable en términos del costo total de la trituración. Para plantas fijas con un período de operación previsto de más de cinco años, la conexión a la red eléctrica permite, a largo plazo, reducir los costos unitarios por tonelada de producto triturado en un 20–40 por ciento, dependiendo de las tarifas vigentes de la energía eléctrica y el combustible diésel.